jueves, abril 26, 2007

Flamenca descalza


Cuando la tarde cae después de la estocada que se hunde en las agujas del Aljarafe, ella viene por el puente después de un día de Feria en el sentido pleno del término. En su cuerpo se retuercen las volutas del volante y la cadera, la rotundidad del cuerpo femenino que serpentea el talle mojado por los goterones en flor de los lunares del vestido. Va envuelta en el mantoncillo que cubre los hombros levemente caídos por el cansancio. En sus ojos se adivina una pasión fugaz. Clava la mirada en la dársena, en el rizo ondulante de las aguas quietas: en la Feria todo es un engaño, como en el río que no se mueve jamás. Lleva en sus manos los zapatos manchados de albero. Entonces recordamos a Ava Gardner en “La condesa descalza”. Ese erotismo que impregna el perfil sinuoso de la sugerencia se queda ahí, en la escena que conmueve a un individuo que pasa junto a ella y que no se parece en nada a Humphrey Bogart. No es que ella no lo haya mirado a él: es que ni siquiera lo ha visto...

4 Comments:

Anonymous Némesis said...

Sigamos soñando con alcanzar la luna...

Aún nos quedan tres días, con sus noches, para disfrutar, si no de Ava, sí de aquella otra ciudad, frágil y arrogante, la de allende el Guadalquivir, tan barroca, tan excesiva, espejo de la Sevilla eterna, hija de Narcissus..., que se descubre a sí misma cada primavera...

Saludos

11:01 a. m.  
Anonymous Belinda said...

No imagino mejor imagen que la flamenca descalza con el peinado deshecho y los zapatos en la mano, cruzando el puente, y las luces del Real al fondo compitiendo con las primeras del alba.
Mucha poesía respiramos ¿eh?

8:32 p. m.  
Anonymous Rafael S. said...

La Feria no me gusta mucho, en ella me siento como un pulpo en un garaje, pero enhorabuena por el texto Sr. Robles.
Doña Ava, el animal más bello de la tierra.

11:50 p. m.  
Anonymous Anónimo said...

Hola, Paco. Después de varios meses, compruebo que vuelves a escribir con regularidad en tu blog. Me alegro, sigue siendo un gustazo poder leerte.
No tengo mucho tiempo, pero quería saludarte desde Huelva. Tienes mi telefono, y estaría bien que me dieras un toque la próxima vez que te vengas por La Antilla. Sabes quien soy, así que no hace falta que firme el comentario. Un abrazo (Y gracias por aquel libro, que en efecto me sirvió un poco para aliviarme en un tiempo borrascoso. Otro abrazo).

9:24 p. m.  

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