lunes, septiembre 17, 2007

El coliseo loperiano

Un paseo por Roma nos devuelve lo mejor y lo peor de la ciudad que se define, entre sus mil y un títulos oficiales y oficiosos, como la Nova Roma. Da igual que hayan cerrado la cafetería que llevaba ese nombre y que acogía en sus tardes de merienda y tertulia a las señoras que sobrellevaban la crisis de Los Remedios con la fingida dignidad que dan las joyas de la abuela y la permanente rociada con violetas imperiales. Sevilla es la Nova Roma y la Jerusalén de occidente, el Ámsterdam de los porros que promueven sus dirigentes más progres, el San Francisco trufado de tranvías, El Cairo con pinta de hormiguero caótico, la Marrakech que atardece con el sol enredado en el laberinto del zoco. Sevilla es todo eso y mucho más. Y a veces es, incluso, ella misma.

Un paseo por el atardecer romano de septiembre, con el otoño anunciándose en la brisa fresca que llega desde el Tíber, nos descubre uno de los resortes que manejan los políticos de la vieja Híspalis para mantenerse en el poder. Desde la Domus Aurea que lleva en su leyenda el incendio que provocó Nerón se contempla el Coliseo que levantara Vespasiano en el año 72 y que Tito terminara ocho años después. Los romanos del siglo I tardaban en erigir un edificio para 50.000 personas lo mismo que tardamos nosotros, en el siglo XXI, para restaurar los azulejos de la Plaza de España. El coloso Coliseo se alza al final de los foros imperiales como un monumento al lema que seguían fielmente los emperadores de Roma: pan y circo.

La entrada al anfiteatro era gratuita. El emperador se encargaba personalmente de que no faltara de nada en la arena: ni gladiadores dispuestos a dejarse la vida, ni leones con más hambre que un concejal delante de una fuente de langostinos. Todo por el pueblo que adoraba a los gobernantes que le ofrecían esos espectáculos que saciaban su sed de entretenimiento y diversión. De aquel pan y aquel circo, a esta ciudad de pagas y fútbol. El poder reparte paguitas y subvenciones para que el personal pueda llenar el carrito de la compra, y hace lo que sea preciso para que el fútbol, esa versión contemporánea del circo romano, no falte nunca.

Mirando la magnificencia del Coliseo de Roma se entiende que el Ayuntamiento de Sevilla le haya puesto al dueño del Betis una recalificación en bandeja para que el emperador Loperae pueda seguir ofreciendo tardes de gloria o de manqueperdismo a su centenaria afición. El Betis cumple un siglo, cifra que es una insignificancia si la comparamos con las diecinueve centurias largas que el Coliseo lleva en pie. Nada hay nuevo bajo el sol de Heliópolis, que por algo es la ciudad del astro rey. El Ayuntamiento de los pobres, de los progres, de la ciudad de las personas prefiere los mastodónticos edificios que se levantarán junto al coliseo de Donmanuelensis Diterus Loperae antes que los delicados hotelitos de la Exposición del 29.

Todo sea por el fútbol y por sus dirigentes. Aunque en ese todo esté incluida la vergüenza ajena que nos producen las muestras de admiración hacia los presidentes del
Sevilla y el Betis por el apretón de manos que se dieron la noche del centenario verdolaga. La ciudad está perdiendo los papeles a unos pasos agigantados. ¿Por qué hemos de alabar a Del Nido y a Lopera? ¿Acaso no han hecho algo que entra dentro de la normalidad y de las buenas maneras? Los mismos que callaron cuando estos dos empresarios del circo futbolero calentaron a sus aficiones hasta llegar al extremo de la violencia, se ponen ahora en primera fila de baboseo para enaltecerlos.

Los políticos, a todo esto, se apuntan al carro y a la cuadriga. Si el culto Emilio Carrillo –el apellido ayuda- se entrega en brazos del beticismo balompédico, ¿qué podemos esperar del resto de la cuadrilla? ¿Y Torrijos? ¿Dónde dejamos al demagogo mayor de la ciudad, si él mismo se encarga de dar codazos para situarse en primera línea de foto con los que eran, hasta que IU llegó al poder, los máximos exponentes del facherío sevillano? Los cambios de chaqueta se han convertido en un intercambio de camisetas. Torrijos y Del Nido juntos y revueltos, con el emperador Loperae recalificando los terrenos aledaños al coliseo que lleva su nombre aunque el terreno sea del Ayuntamiento que tantas facilidades les da a los que más tienen.

Nihil novum sub sole. Nada nuevo bajo el sol que trae el calor del membrillo. El poder de la ciudad entrega la cuchara y los terrenos a los mismos que se niegan a darle uso a ese coliseo con pinta de mausoleo que es el estadio presuntamente olímpico. Para enterrarlo del todo, nada mejor que ponerle el nombre de un deportista muerto. Sic transit Lopera mundi...

Semifredo de Monteseirín

El paseo por Roma nos lleva a la cremería Monteforte. La especialidad de la casa es el semifredo de zabaglione. Del semifredo en Monteforte, al semifredo Monteseirín, ese semialcalde que se entregó en brazos del PA y que ahora hace lo propio con los poderes fácticos de la ciudad. Decir lo contrario de lo que se hace tiene réditos electorales, y eso lo sabe muy bien el Semifredo hispalense. O su media naranja, ese Torrijos que podría darle nombre a una pastelería que cumpliera los cánones de la Sevilla más propia. Torrijos le sirve torrijas recalificadas en la miel del dinero al emperador Loperae para que no se moleste el padre putativo de las criaturitas verdiblancas. Nunca se hicieron las cosas con tanto descaro. Pan, circo, fútbol, torrijas y semifredos. El pueblo puede divertirse tranquilamente, que nunca les faltará de nada en esta ciudad gobernada en comandita por los que jamás se atreverán a volar sobre el cuco Del Nido.

9 Comments:

Blogger eres_mi_cruz said...

Este comentario ha sido eliminado por el autor.

1:36 p. m.  
Blogger eres_mi_cruz said...

Alea iacta est...

1:44 p. m.  
Blogger eres_mi_cruz said...

PD: El artículo se merece el más preciado galardón para un gladiador: el rudis.
Así que agarre su palo, maestro.

5:05 p. m.  
Blogger Lopera in the nest said...

Al lado de donde van a dar el pelotazo el Sr. Lopera (el auténtico, no la falsa copia que esto escribe), existe un Instituto de Investigación del Consejo Superior de Investigaciones Científicas.
Mi admirado Paco, ¿se le ha ocurrido a alguién con poder institucional donarle los terrenos a este Insitituto para poder así ampliar sus instalaciones?. Todos hubieramos salido beneficiados. Por si alguno no lo sabe me estoy refiriendo al Insituto de la Grasa, lugar donde el esfuerzo y sacrificio de algunos, desgraciadamente muy pocos, está haciendo más por al sociedad andaluza que todos esos mentecatos que han permitodo todos esos "pelotazos".

6:31 p. m.  
Blogger canalsu said...

¡Estan locos, estos romanos!

9:41 p. m.  
Blogger bogar said...

Que le vamos a hacer Sr. Robles si lamentablemente esto es lo que quieren,perdón,lo que queremos los votantes,nos meteremos todos.Vivimos en una sociedad que la critica al poder,ya sea politico o deportivo está mal visto.Por desgracia si no eres periodista y estas actitudes las haces en publico,te miran como si hubieras matado a alguien.Como dice eresmicruz:ALEA JACTA EST.

11:41 p. m.  
Blogger jose antonio manzano said...

El dueño del Betis y el gestor del Sevilla son dos caras de una misma moneda. Es lamentable que dejen pudrirse el estadio cartujo, mientras uno rebautiza con su nombre el platillo volante, y el otro quiere hacer obras en las anteiriormente llamadas ruínas itálicas. Tienes razón, pan y circo para el pueblo, únicamente cambiando los leones por el balón. Saludos, Mr. Appletree.

4:58 p. m.  
Blogger Rascaviejas said...

Nuevo símbolo de la ciudad: una medallita con el Jano bifronte, don Manué por un lado, don Josemaría por otro, una especie de yin yan al hispAlense modo...

11:56 p. m.  
Anonymous Mónica said...

Vamos a ver si queda claro. El Sevilla FC ni se va ahora ni se va a ir nunca al olímpico porque a sus accionistas y socios (que, a diferencia de lo que ocurre en el Betis, somos sus dueños) no nos da la real y soberana gana. ¿Entendido? A diferencia del otro equipo de la ciudad, a nosotros, ningún ayuntamiento nos ha regalado nada. Tenemos el orgullo de poder decir que nuestra casa está construida en terrenos donados por un sevillista, igual que la ciudad deportiva José Ramón Cisneros Palacios. Pídanle ustedes cuentas a los que, irresponsablemente, usaron dinero robado al contribuyente para levantar una mole absurda, y a los otros santurrones, los sedicentes liberales –que ya es que me da la risa cada vez que lo dicen- que aplaudieron.

Lo abracadabrante es que tengamos que estar esperando un nihil obstat político para poder gestionar un patrimonio que –insisto- no debemos a ningún tipo de coacción política ( a mí no me han preguntado nunca si quiero sostener esa cueva de burócratas que es el Instituto de la Grasa: me roban directamente para ello, quiera o no), sino a la colaboración voluntaria de sevillistas.

Y, la verdad, ya estoy hasta las mismas narices de esa pose cultureta de despreciar al fútbol. Otro tópico políticamente correcto, igualmente elitista, con idéntico desprecio por los gustos, por las preferiencias reveladas de la gente. Porque resulta que ahora, para los nuevos clérigos del otro lado del espectro, para los Boadella, los Savater o los Espada, sucede que los toros son el sumum de la cultura, pero el fútbol no. El fútbol es de paletos, de salvajes. Al fin y al cabo, ¿qué es lo que les molesta del fútbol? Pues que, libremente, sin dejarnos guiar por sus sapientísimos consejos de aspirantes a ingenieros sociales, tanta gente corriente estemos dispuestos a pagar con nuestro dinero y porque nos da la gana un carné, la camiseta de nuestro equipo, la televisión de pago, o a dar audiencias lo suficientemente millonarias para que esto del fútbol sea un formidable negocio. Una vez más, es la libertad para elegir de la gente, expresada en el mercado, lo que les molesta. También a éstos.

A mí me repugna tanto como a ustedes ver políticos a menos de veinte kilómetros de cualquier cosa que tenga que ver con mi club. Pero, aunque no se lo crean, incluso en el fútbol es posible encontrar referentes que nos ayuden a ver y demostrar cómo es desde lo privado exclusivamente, sin dejar que unos listos, unos liantes, piensen por nosotros desde el gobierno, como se puede aspirar a todo: a ser capaz de crecer, de alcanzar tus sueños y maximizar tus recursos, de crear modelos exitosos (y nuevos, que de eso el papafritismo –léase prensa deportiva- no se entera) que consiguen triunfar haciendo eso tan sencillo que sólo hace el mercado libre: satisfaciendo las demandas reales de la gente.

12:09 p. m.  

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