lunes, febrero 20, 2006

Receta para la nacionalitis

Supongamos que estoy en contra del nacionalismo porque no creo que sea justo que unas comunidades reciban más que otras. O que el nivel de riqueza sea el que marque lo que cada comunidad reciba. Por esa regla de tres, el señor Botín debería tener reservada un ala de hospital mientras un parado tendría que conformarse con... lo que hay ahora, tampoco seamos crueles.
En ese caso, ¿qué método es el ideal para aplacar el apetito nacionalista?
1. No, no, y no, tipo Aznar. Los detractores de esta fórmula dicen que así se alimenta al nacionalismo, pues se engorda el victimismo de los que se ven abocados a conformarse con lo que son, y no con lo que piden.
2. El talante de ZP. Argumentan los que están en desacuerdo que tanta blandenguería sólo consigue despertar más aún el apetito de los que quieren sacar tajada de la debilidad de Zapatero.
3. Ajo y agua. A joderse, a aguantarse, y a no protestar, no vaya a ser que el mester de progresía lo tache a uno -que cree en la progresividad fiscal- en un carca.

4 Comments:

Anonymous Anónimo said...

¿Y si empezamos por reformar la ley electoral y para tener representación parlamentaria hay que alcanzar como mínimo el 5% de los votos?

12:40 a. m.  
Anonymous Antonio Marías said...

Los nacionalismos periféricos tienen un vicio de origen importante: en el momento en que PNV y CiU renunciaran a más reclamaciones, nada los diferenciaría del PP vasco y catalán respectivamente. Se ven obligados a alimentar la vorágine de exigencias para seguir teniendo una razón de ser. A mi juicio, como esto que describo es una cosa de locos, los gobernantes de España deben transferirles todas las competencias que sea posible dentro de la legalidad (no veo razones para lo contrario), y dirigirise posteriormente de forma clara y contundente a todos los españoles en general y a los ciudadanos de esas CCAA en particular para hacernos (hacerles) ver que más allá no puede llegarse porque sería pura y simplemente ilegal. Asimismo, creo que sería de ley que se incidiera en que la noción de ciudadanía está por encima de las presuntas identidades regionales. Dicho de otro modo, porque unas personas consideren que su Comunidad es una nació, no deben disfrutar de privilegios fiscales o administrativos. Eso me suena al Antiguo Régimen.
En suma, creo que debe combinarse la firmeza de Aznar con una explicación clara y concisa de las razones que nos llevan a pensar que las pretensiones del nacionalismo no tienen cabida.

8:47 p. m.  
Blogger enhiro said...

A mí lo que me resulta curioso es ver como se transmuta la izquierda con el nacionalismo. De repente los privilegios se convierten en derechos históricos de un pueblo, porque claro, los demás no tienen historia, o lo que en un lado te convierte en facha en el otro te convierte en oprimido que lucha porque no tiene más remedio.

Cuando vi a una persona de izquierdas, o progre como los llaman por aquí, hablar de un nacionalismo andaluz basado en Tartesos, y comparar a los que hicieron la reconquista con los nazis (no se mucho de historia, pero me parece que una comparación hacia delante es poco menos que aberrante) decidí que esto ya está llegando a una situación insostenible.

11:31 p. m.  
Anonymous Anónimo said...

La verdad es que la ezquizofrenia de parte de la izquierda es aberrante. ¿Cómo se puede ser nacionalista y de izquierda? es que esas personas no recuerdan que el himno de la izquierda es/era "La Internacional". El problema es que vivimos en una época aldeana, corta de miras por unos y otros en la que cada cual arrima el ascua a la sardina de sus intereses partidistas, pensando en las próximas elecciones y no hay nadie ni diestro ni siniestro con amplitud de miras como para buscar "soluciones" a más largo plazo que los cuatro años. A uno le dan ganas de refugiarse en lo pequeño e inmediato, con lo que al final no le cabe otra cosa que el fútbol o la Semana Santa. Cada vez me siento más cerca de Marx, Groucho, por supuesto.

2:31 p. m.  

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