jueves, noviembre 01, 2007

La memoria histriónica

El histrión es, según el Diccionario de la Real Academia, la “persona que se expresa con afectación o exageración propia de un actor teatral”. No hay que insistir en ese trío calavera que pretende hacer política con semejante atributo hamletiano, en esos tres voceros del régimen que se trajeron los acólitos de Chaves para resembrar el odio y el rencor entre los andaluces. Está visto y comprobado que en nuestras universidades no hay especialistas en la materia, y que por eso se trajeron al trío calavera y le pusieron enfrente la caricatura de la España carca, con cura incluido. Que no falte el cura, por favor, no vaya a ser que no se distinga al progre del facha.

La memoria histriónica es el brochazo gordo que sustituye al pincel fino del razonamiento, de la discusión argumentada, del contraste de pareceres que se puede y se debe producir entre historiadores que nos enseñen los errores del pasado para que no se repitan jamás. Pero eso no les interesa a los sectarios de la memoria histriónica que pretenden resucitar a los muertos en vez de enterrarlos con la dignidad que se merecen. Lo único que les despierta el apetito en este rigodón de la muerte ajena es la posibilidad de engordar el resultado electoral por obra y desgracia de un nuevo enfrentamiento que ojalá se quede en las urnas. Solamente eso.

Hasta la llegada de ZP al poder no se preocupaban por este asunto. De vez en cuando se salía alguien por la tangente demagógica del mitin para recordarles a los asustadizos partidarios que los peperos volverían a fusilarlos como fusilaron a sus abuelos. Curiosamente una de las lumbreras o minervas, a elegir, que predijo semejante escabechina es hija de un militar franquista, lo cual nos llevaría directamente el diván del psicoanalista. Mas la inmensa mayoría de los apoltronados en el régimen pasaban de largo... por lo que les pudiera pasar si salían a relucir sus demonios familiares.

Aquellos que entonces se negaban a restañar la herida personal de la hija que tenía a su padre enterrado en una cuneta se apuntan al bombardeo demagógico de una memoria histriónica que han prostituido por el puñado de votos que le pueda proporcionar tan macabra propaganda. Zapatero tocó el cornetín y allá que fueron todos a engancharse. “Fascista el último”. Y fascistas terminaremos siendo, en su peculiar y totalitario lenguaje, los que estuvimos –primera persona del plural- apoyando dichas exhumaciones desde primera hora. Tiempo al tiempo.

El pasado jueves, el presidente de todos los andaluces ni siquiera se molestó en votar la reparación moral que se le debe a Blas Infante, que por si Chaves no lo sabe es el padre de la patria andaluza. Por si también lo ignora, no está de más recordarle al bueno de Manolo que sus diecisiete años de mandato se los debe en buena parte a los hombres que murieron como Infante allá por el año 1936. ¿O es que piensa que el sentimiento andalucista es fruto de su amor por una tierra a la que vino poco menos que esposado? ¡Anda que si no lo llega a mandar Felipe!

Cada vez que Chaves se saque de la manga el recurso facilón de la memoria histriónica para dividir a los andaluces le recordaremos, cual martillo pilón, que no tuvo la gallardía ni la deferencia de votar la resolución parlamentaria que pretende devolverle a Blas Infante la dignidad de su inocencia. Se fue a su despacho, o al bar del Parlamento, o a cualquier sitio que le pareció más adecuado que el escaño que ocupa por la legitimidad de las urnas. No hace falta que venga ninguno de sus admirados voceros rencorosos de Madrid. Aquí estaremos para decirle, con la memoria de Blas Infante en el corazón, que no estuvo en su sitio cuando más falta hacía. Y se lo recordaremos sin rencor, sin ira pero con la libertad que inspiró al bueno de Infante. Por eso le dieron un tiro que, al cabo de los años, ha vuelto a salir por la cuneta del olvido.

1 Comments:

Anonymous ay_perfidia said...

Pues no es don Blas el notario una de las estampitas de mi altar. ¿Han intentado leerse "El ideal andaluz"? No le niego que fuera hombre de buena voluntad pero con casi tantas sombras como luces. No sigo para no rozar sensibilidades y reconozco que durante tiempo sí que tuve su estampa delante de mi imaginaria mariposa en aceite.

Prefiero hablar de los vivos. ¿Qué ha ocurrido en la memoria del héroe de Paracuellos, que de predicar en el 56 la Reconciliación, compartir Ducados con el pobre Duque, hacer un papel difícil y digno y jurar la rojigualda, ahora anda -¿chochea?- enarbolando rencores y se pasea por los púlpitos afines vendiendo la mala nueva del rencor y la venganza?.

Del respetable padre del compañero Manolo, el señor coronel franquista Chaves, del coronel médico Dr. Romero, militar franquista y concejal franquista hispalense, de tantos respetables alcaldes de antes del 75, camisa azul y corbata negra si era menester, jefes locales del Movimiento, con hijos capullos alcaldes de hoy, ¿qué se hizo, qué semilla sembraron?

Cuenta la memoria reciente que en el imperio nazi, hasta el 44, te daban matarile por una nadería, como ser gitano o tontito; que el padrecito Stalin te mandaba al Gulag siberiano, si no a la muerte sumarísima, por cualquier salidilla de tono. ¿Se va a maravillar nadie que se cometieran las mismas injusticias en los mismos años por orden de un generalito ferrolano, quizás chiclán? ¿No hubiera ocurrido lo mismito, l-o m-i-s-m-i-t-o, en el 39 ó en el 40 con un gobierno presidido por Largo Caballero, sólo que los muertos de las cunetas los pondrían los del otro bando?

De las tres pés de Azaña me quedo con la piedaZ, junto a la generosidaZ, la equidaZ, la dignidaZ, la honestidaZ y sobre todo la honradeZ. Rara avis.

3:17 p. m.  

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