lunes, junio 02, 2008

La muerte fue en la calle

La muerte fue en Sevilla, la ciudad de las personas. La muerte fue en mayo, en el cruce de la avenida que lleva el nombre de Hytasa con la calle que se llama, ¡ay!, Andalucía amarga. Salvador Távora ya tiene una tragedia delante de su teatro, en su mismo barrio, para dar un salto en el tiempo y hablar de la ciudad de hoy en vez de refugiarse en la Andalucía de ese ayer que puede criticar sin miedo a perder los vientos favorables del poder. Porque aquí, en esta Sevilla donde los señoritos no han desaparecido sino que han cambiado de bando y de aspecto, seguimos donde estábamos.

La muerte fue en la misma puerta de esa Consejería para la Igualdad que se dedica al virtuosismo del lenguaje políticamente correcto, a cambiar la realidad a través de los nombres, y que no ha dicho aún ni pío ante la muerte de una funcionaria que era, además, mujer y minusválida. El camionero, desolado tras el accidente, responde a las siglas del poeta de Moguer: J.R.J. Se nos viene a la memoria el poema de Juan Ramón que anticipaba lo que sucedió en la calle: “La niña sonríe: ¡Espera, / voy a cojer la muleta! / Sol y rosas. / La arboleda movida y fresca, / dardea limpias luces verdes. / Gresca de pájaros, brisas nuevas. /La niña sonríe: ¡Espera, /voy a cojer la muleta!” Pero no había más sol que la oscuridad de los bajos del camión, ni más rosas que la sangre que manchaba el suelo.

La tragedia tiene todos los ingredientes de ese neosurrealismo kafkiano en el que vive la ciudad de Sevilla. Ajena de sí misma, la vieja Híspalis se sumerge en la ciénaga de su decadencia sin que casi nadie levante la voz de alarma. Están mal vistos en esta ciudad los agoreros, como los llama el alcalde que no ha tenido el coraje ni la grandeza moral de dar la cara ante un hecho tan grave como éste. Sevilla tiene un alcalde virtual que se dedica a dar conferencias y a enumerar proyectos para recrear ese mundo de fantasía que oculta la cruda realidad. Sevilla tiene un alcalde que va al Cerro del Águila para salir con una vara en la procesión, pero que ignora a las víctimas del desamparo y del abandono que mueren en plena vía pública por culpa de la incompetencia municipal.

Habían avisado los vecinos, los funcionarios de la Consejería, los sindicalistas, hasta la mismísima Policía Local. Saltaba a la vista que una avenida como la de Hytasa no podía funcionar sin semáforos, pero ya se sabe lo que pasa en estos casos. Los concejales y sus asesores a sueldo estaban preocupados por lo único que les importa: por los tejemanejes del partido que se ha convertido en una secta, por los enjuagues de una administración que es una fábrica de contratos en penumbra y de facturas de doble filo. Nadie atendió a los ciudadanos. Nadie. Hasta que a Consuelo le llegó su hora: “Saltan sus ojos. Le cuelga /jgirando, falsa, la pierna. / Le duele el hombro. / Jadea contra los chopos. Se sienta. / Ríe y llora y ríe: ¡Espera, / voy a cojer la muleta!”

Los nuevos señoritos de la ciudad, los pícaros que sacian su hambre de poder en los reservados donde manejan a su antojo los recursos de Sevilla, saben que cuentan con la complicidad de un pueblo que no quiere señalarse, que no quiere meterse en nada, que se conforma con lo que hizo siempre: vivir a la sombra de su indolencia y dejarse de conflictos con el poder. Cuando el año que viene salgan en al cofradía del barrio nadie les pedirá cuentas de nada. Nadie les echará en cara que sólo aparezcan por allí en busca de votos. Nadie les dirá la verdad a la cara. Ni siquiera el dramaturgo que podría convertirse en la voz del pueblo. Nadie.

Sevilla es una ciudad donde alguien puede morir en una avenida que lleva meses y meses sin semáforos por la dejadez de un Ayuntamiento que jamás rinde cuentas de sus errores. ¿Cómo va a dimitir un concejal que no sabe hacer otra cosa que vivir de la política? ¿Cómo le va a pedir la dimisión un alcalde que debería haberse marchado hace tiempo para salvaguardar la decencia en la res pública? ¿Cómo va a exigirle nada al Ayuntamiento esa consejera igualitaria que sabe que los límites de la demagogia de la corrección política están en la fidelidad al partido del régimen?

Al final siempre nos quedamos con los versos del poeta que aprendió a pintar en Sevilla. Juan Ramón lo dejó escrito: “¡Mas los pájaros no esperan; / los niños no esperan! / Yerra la primavera. / Es la fiesta del que corre / y del que vuela... / La niña sonríe: Espera, / voy a cojer la muleta!” Descanse en paz Consuelo como descansa, en la hipocresía de su silencio, esa ciudad que tiene a los señoritos que se merece.


6 Comments:

Blogger siempre de frente said...

verdades como puños señor robles ,nuestros ediles siguen dedicandose a destrozar no solo nuestro patrimonio artistico sino tambien almas humanas que vagan por una sevilla que navega a la deriva desde hace tiempo en donde lo que sigue puntuando es el chaque , la foto o la vara ,ponganse el traje de faena que para eso les pagamos y dejense de inventar ,figurar y demas zarandajas y sino pueden con sus atribuciones obvien su cargo que ya han trincado bastante,un saludo paco

12:35 a. m.  
Anonymous Anónimo said...

Y encima el alcalde tiene la desfachatez de poner a disposición de la familia de la víctima los servicios jurídicos del Ayuntamiento. Supongo que para que se querellen contra el camionero y los deje a ellos tranquilos.

Sánchez: ¿Cómo consigues dormir tranquilo? ¿Qué te tomas o qué te fumas para callar tu conciencia?

1:52 a. m.  
Blogger Lopera in the nest said...

Que terrible eso que has escrito:

esa ciudad que tiene a los señoritos que se merece

Siempre habrá esperanza mientras queden gente que escriba como tú.

La palabra, nos queda la palabra.

12:08 p. m.  
Blogger El Caliz de la Canina said...

Entre las bajas de los policias y las obras del metro,Sevilla está más dejá que el vacie.

De verguenza.el responsable de esto debería salir y pedir perdón y ademas irse .......

En fin la Canina seguirá cavilando ......

5:42 p. m.  
Anonymous Anónimo said...

Sencillamente; Sanchez Monteseirín y sus colaboradores no saben Amar.

12:53 p. m.  
Anonymous Anónimo said...

¿Que no saber a mar?
Huélanle los dedos... gambas, langostinos y bogavantes.

9:12 a. m.  

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